Sin horizonte

Este Lunes es el último de la temporada de magia de Semana Santa a bordo del buque Nissos Chios. Es la tercera vez que estoy actuando a bordo de este barco, más dos ocasiones más en otros de la compañía Balearia. Después de 20 días, la temporada llega a su fin y toca volver a tierra.

La gente suele preguntarme si no me aburre o si no me agobia pasar tanto tiempo de mi vida en los últimos años a bordo de un barco. Sinceramente, en mi experiencia particular, la respuesta es que no. Aunque supongo que es cuestión de perspectiva.

Para mi, cada temporada a bordo supone una especie de retiro del mundanal ruido y hay varios motivos para que esto sea así. El primero, la limitada conexión a Internet. Navegar por alta mar significa desconectarse del mundo. No hay señal en el iPhone. No hay señal de nada, más de lo que está delante de ti. El mar, el cielo, las olas, el barco, su estela, y el horizonte. Pasar varias semanas con conexión a internet limitada me permite conectarme a mi vida de una forma muy satisfactoria.

Mi trabajo a bordo se limita a tres espectáculos diarios: un show de magia para niños por la mañana, un show de magia familiar por la tarde y un espectáculo de mentalismo para los adultos por la noche. Además del tiempo de los shows, de la preparación de cada show y del tiempo que dedico a pasearme por el barco haciendo magia de cerca a los pasajeros, el resto del tiempo es para mi. E incluso siendo como soy bastante sociable, aparte del trato con compañeros, de los “venga, sorpréndenos” diarios en la cantina de la tripulación, de las charlas en los corredores, al día le quedan muchas horas en las que solo estamos mi camarote y yo.

Y ese es un tiempo precioso que he aprendido a disfrutar en los casi dos años que llevo actuando en barcos. Tiempo. Sin internet. No hay Netflix. No hay WhatsApp. No hay redes sociales. Solos el tiempo, yo y de fondo, el mar.

Y os prometo que lo disfruto. Tengo tiempo para todo. Y para organizármelo, curiosamente, mucho mejor que cuando estoy en tierra. Cada día entreno, leo un libro, estudio, escribo, ensayo y practico alguna habilidad nueva. Eso si, mi serie de la noche no me la quita nadie.  Y el día se hace corto, y siento que he hecho muchas cosas. Y estos últimos veinte días me hacen sentir ilusionado. Porque con todo ese tiempo, he estado trabajando para el mes y medio que se avecina en tierra, antes de volver a embarcarme.

Un mes y medio con varias actuaciones de magia a la semana, con muchos eventos privados en los que participar, con nuevas historias que contar a nuevos espectadores. Fines de semana de mucha carretera, varios escenarios y el estreno del espectáculo en el que llevo meses trabajando. En este mes y medio habrá también alguna sorpresa de la que todavía no puedo hablar… pero todo se andará.  Con la vuelta a tierra y la conexión a internet de alta velocidad volverán los videos a mi canal de Youtube “Truco Mental”, con nuevos retos mentales, más contenidos y algunas colaboraciones.

Alguien me dijo una vez que al curso se le derrotaba en Semana Santa, y durante mis últimos años de universitario (porque estudiante, siempre lo seré) la frase se convirtió casi en una máxima. Pues bien, yo en esta Semana Santa he afilado las armas y planteado las estrategias no  solo para vencer a este curso 2017, sino para encarar ya el 2018.

Y de esta temporada de magia a bordo me quedo con tanto que solo se me ocurre resumirlo con una foto del mar de Alborán. Ni de día, ni de noche. Ni soleado, ni plomizo. Sin límites. Sin horizontes.

Sin horizonte
Sin horizonte

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